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Texto - El collar - Guy de Maupassant

El collar

Guy de Maupassant

Era una de esas hermosas y encantadoras criaturas nacidas como por un error del destino en una familia de empleados. Carecía de dote, y no tenía esperanzas de cambiar de posición; no disponía de ningún medio para ser conocida, comprendida, querida, para encontrar un esposo rico y distinguido; y aceptó entonces casarse con un modesto empleado del Ministerio de Instrucción Pública.
No pudiendo adornarse, fue sencilla, pero desgraciada, como una mujer obligada por la suerte a vivir en una esfera inferior a la que le corresponde; porque las mujeres no tienen casta ni raza, pues su belleza, su atractivo y su encanto les sirven de ejecutoria y de familia. Su nativa firmeza, su instinto de elegancia y su flexibilidad de espíritu son para ellas la única jerarquía, que iguala a las hijas del pueblo con las más grandes señoras.
Sufría constantemente, sintiéndose nacida para todas las delicadezas y todos los lujos. Sufría contemplando la pobreza de su hogar, la miseria de las paredes, sus estropeadas sillas, su fea indumentaria. Todas estas cosas, en las cuales ni siquiera habría reparado ninguna otra mujer de su casa, la torturaban y la llenaban de indignación.
La vista de la muchacha bretona que les servía de criada despertaba en ella pesares desolados y delirantes ensueños. Pensaba en las antecámaras mudas, guarnecidas de tapices orientales, alumbradas por altas lámparas de bronce y en los dos pulcros lacayos de calzón corto, dormidos en anchos sillones, amodorrados por el intenso calor de la estufa. Pensaba en los grandes salones colgados de sedas antiguas, en los finos muebles repletos de figurillas inestimables y en los saloncillos coquetones, perfumados, dispuestos para hablar cinco horas con los amigos más íntimos, los hombres famosos y agasajados, cuyas atenciones ambicionan todas las mujeres.
Cuando, a las horas de comer, se sentaba delante de una mesa redonda, cubierta por un mantel de tres días, frente a su esposo, que destapaba la sopera, diciendo con aire de satisfacción: “¡Ah! ¡Qué buen caldo! ¡No hay nada para mí tan excelente como esto!”, pensaba en las comidas delicadas, en los servicios de plata resplandecientes, en los tapices que cubren las paredes con personajes antiguos y aves extrañas dentro de un bosque fantástico; pensaba en los exquisitos y selectos manjares, ofrecidos en fuentes maravillosas; en las galanterías murmuradas y escuchadas con sonrisa de esfinge, al tiempo que se paladea la sonrosada carne de una trucha o un alón de faisán.
No poseía galas femeninas, ni una joya; nada absolutamente y sólo aquello de que carecía le gustaba; no se sentía formada sino para aquellos goces imposibles. ¡Cuánto habría dado por agradar, ser envidiada, ser atractiva y asediada!
Tenía una amiga rica, una compañera de colegio a la cual no quería ir a ver con frecuencia, porque sufría más al regresar a su casa. Días y días pasaba después llorando de pena, de pesar, de desesperación.
Una mañana el marido volvió a su casa con expresión triunfante y agitando en la mano un ancho sobre.
-Mira, mujer -dijo-, aquí tienes una cosa para ti.
Ella rompió vivamente la envoltura y sacó un pliego impreso que decía:
“El ministro de Instrucción Pública y señora ruegan al señor y la señora de Loisel les hagan el honor de pasar la velada del lunes 18 de enero en el hotel del Ministerio.”
En lugar de enloquecer de alegría, como pensaba su esposo, tiró la invitación sobre la mesa, murmurando con desprecio:
-¿Qué haré yo con eso?
-Creí, mujercita mía, que con ello te procuraba una gran satisfacción. ¡Sales tan poco, y es tan oportuna la ocasión que hoy se te presenta!… Te advierto que me ha costado bastante trabajo obtener esa invitación. Todos las buscan, las persiguen; son muy solicitadas y se reparten pocas entre los empleados. Verás allí a todo el mundo oficial.
Clavando en su esposo una mirada llena de angustia, le dijo con impaciencia:
-¿Qué quieres que me ponga para ir allá?
No se había preocupado él de semejante cosa, y balbució:
-Pues el traje que llevas cuando vamos al teatro. Me parece muy bonito…
Se calló, estupefacto, atontado, viendo que su mujer lloraba. Dos gruesas lágrimas se desprendían de sus ojos, lentamente, para rodar por sus mejillas.
El hombre murmuró:
-¿Qué te sucede? Pero ¿qué te sucede?
Mas ella, valientemente, haciendo un esfuerzo, había vencido su pena y respondió con tranquila voz, enjugando sus húmedas mejillas:
-Nada; que no tengo vestido para ir a esa fiesta. Da la invitación a cualquier colega cuya mujer se encuentre mejor provista de ropa que yo.
Él estaba desolado, y dijo:
-Vamos a ver, Matilde. ¿Cuánto te costaría un traje decente, que pudiera servirte en otras ocasiones, un traje sencillito?
Ella meditó unos segundos, haciendo sus cuentas y pensando asimismo en la suma que podía pedir sin provocar una negativa rotunda y una exclamación de asombro del empleadillo.
Respondió, al fin, titubeando:
-No lo sé con seguridad, pero creo que con cuatrocientos francos me arreglaría.
El marido palideció, pues reservaba precisamente esta cantidad para comprar una escopeta, pensando ir de caza en verano, a la llanura de Nanterre, con algunos amigos que salían a tirar a las alondras los domingos.
Dijo, no obstante:
-Bien. Te doy los cuatrocientos francos. Pero trata de que tu vestido luzca lo más posible, ya que hacemos el sacrificio.
El día de la fiesta se acercaba y la señora de Loisel parecía triste, inquieta, ansiosa. Sin embargo, el vestido estuvo hecho a tiempo. Su esposo le dijo una noche:
-¿Qué te pasa? Te veo inquieta y pensativa desde hace tres días.
Y ella respondió:
-Me disgusta no tener ni una alhaja, ni una sola joya que ponerme. Pareceré, de todos modos, una miserable. Casi, casi me gustaría más no ir a ese baile.
-Ponte unas cuantas flores naturales -replicó él-. Eso es muy elegante, sobre todo en este tiempo, y por diez francos encontrarás dos o tres rosas magníficas.
Ella no quería convencerse.
-No hay nada tan humillante como parecer una pobre en medio de mujeres ricas.
Pero su marido exclamó:
-¡Qué tonta eres! Anda a ver a tu compañera de colegio, la señora de Forestier, y ruégale que te preste unas alhajas. Eres bastante amiga suya para tomarte esa libertad.
La mujer dejó escapar un grito de alegría.
-Tienes razón, no había pensado en ello.
Al siguiente día fue a casa de su amiga y le contó su apuro.
La señora de Forestier fue a un armario de espejo, cogió un cofrecillo, lo sacó, lo abrió y dijo a la señora de Loisel:
-Escoge, querida.
Primero vio brazaletes; luego, un collar de perlas; luego, una cruz veneciana de oro, y pedrería primorosamente construida. Se probaba aquellas joyas ante el espejo, vacilando, no pudiendo decidirse a abandonarlas, a devolverlas. Preguntaba sin cesar:
-¿No tienes ninguna otra?
-Sí, mujer. Dime qué quieres. No sé lo que a ti te agradaría.
De repente descubrió, en una caja de raso negro, un soberbio collar de brillantes, y su corazón empezó a latir de un modo inmoderado.
Sus manos temblaron al tomarlo. Se lo puso, rodeando con él su cuello, y permaneció en éxtasis contemplando su imagen.
Luego preguntó, vacilante, llena de angustia:
-¿Quieres prestármelo? No quisiera llevar otra joya.
-Sí, mujer.
Abrazó y besó a su amiga con entusiasmo, y luego escapó con su tesoro.
Llegó el día de la fiesta. La señora de Loisel tuvo un verdadero triunfo. Era más bonita que las otras y estaba elegante, graciosa, sonriente y loca de alegría. Todos los hombres la miraban, preguntaban su nombre, trataban de serle presentados. Todos los directores generales querían bailar con ella. El ministro reparó en su hermosura.
Ella bailaba con embriaguez, con pasión, inundada de alegría, no pensando ya en nada más que en el triunfo de su belleza, en la gloria de aquel triunfo, en una especie de dicha formada por todos los homenajes que recibía, por todas las admiraciones, por todos los deseos despertados, por una victoria tan completa y tan dulce para un alma de mujer.
Se fue hacia las cuatro de la madrugada. Su marido, desde medianoche, dormía en un saloncito vacío, junto con otros tres caballeros cuyas mujeres se divertían mucho.
Él le echó sobre los hombros el abrigo que había llevado para la salida, modesto abrigo de su vestir ordinario, cuya pobreza contrastaba extrañamente con la elegancia del traje de baile. Ella lo sintió y quiso huir, para no ser vista por las otras mujeres que se envolvían en ricas pieles.
Loisel la retuvo diciendo:
-Espera, mujer, vas a resfriarte a la salida. Iré a buscar un coche.
Pero ella no le oía, y bajó rápidamente la escalera.
Cuando estuvieron en la calle no encontraron coche, y se pusieron a buscar, dando voces a los cocheros que veían pasar a lo lejos.
Anduvieron hacia el Sena desesperados, tiritando. Por fin pudieron hallar una de esas vetustas berlinas que sólo aparecen en las calles de París cuando la noche cierra, cual si les avergonzase su miseria durante el día.
Los llevó hasta la puerta de su casa, situada en la calle de los Mártires, y entraron tristemente en el portal. Pensaba, el hombre, apesadumbrado, en que a las diez había de ir a la oficina.
La mujer se quitó el abrigo que llevaba echado sobre los hombros, delante del espejo, a fin de contemplarse aún una vez más ricamente alhajada. Pero de repente dejó escapar un grito.
Su esposo, ya medio desnudo, le preguntó:
-¿Qué tienes?
Ella se volvió hacia él, acongojada.
-Tengo…, tengo… -balbució – que no encuentro el collar de la señora de Forestier.
Él se irguió, sobrecogido:
-¿Eh?… ¿cómo? ¡No es posible!
Y buscaron entre los adornos del traje, en los pliegues del abrigo, en los bolsillos, en todas partes. No lo encontraron.
Él preguntaba:
-¿Estás segura de que lo llevabas al salir del baile?
-Sí, lo toqué al cruzar el vestíbulo del Ministerio.
-Pero si lo hubieras perdido en la calle, lo habríamos oído caer.
-Debe estar en el coche.
-Sí. Es probable. ¿Te fijaste qué número tenía?
-No. Y tú, ¿no lo miraste?
-No.
Se contemplaron aterrados. Loisel se vistió por fin.
-Voy -dijo- a recorrer a pie todo el camino que hemos hecho, a ver si por casualidad lo encuentro.
Y salió. Ella permaneció en traje de baile, sin fuerzas para irse a la cama, desplomada en una silla, sin lumbre, casi helada, sin ideas, casi estúpida.
Su marido volvió hacia las siete. No había encontrado nada.
Fue a la Prefectura de Policía, a las redacciones de los periódicos, para publicar un anuncio ofreciendo una gratificación por el hallazgo; fue a las oficinas de las empresas de coches, a todas partes donde podía ofrecérsele alguna esperanza.
Ella le aguardó todo el día, con el mismo abatimiento desesperado ante aquel horrible desastre.
Loisel regresó por la noche con el rostro demacrado, pálido; no había podido averiguar nada.
-Es menester -dijo- que escribas a tu amiga enterándola de que has roto el broche de su collar y que lo has dado a componer. Así ganaremos tiempo.
Ella escribió lo que su marido le decía.
Al cabo de una semana perdieron hasta la última esperanza.
Y Loisel, envejecido por aquel desastre, como si de pronto le hubieran echado encima cinco años, manifestó:
-Es necesario hacer lo posible por reemplazar esa alhaja por otra semejante.
Al día siguiente llevaron el estuche del collar a casa del joyero cuyo nombre se leía en su interior.
El comerciante, después de consultar sus libros, respondió:
-Señora, no salió de mi casa collar alguno en este estuche, que vendí vacío para complacer a un cliente.
Anduvieron de joyería en joyería, buscando una alhaja semejante a la perdida, recordándola, describiéndola, tristes y angustiosos.
Encontraron, en una tienda del Palais Royal, un collar de brillantes que les pareció idéntico al que buscaban. Valía cuarenta mil francos, y regateándolo consiguieron que se lo dejaran en treinta y seis mil.
Rogaron al joyero que se los reservase por tres días, poniendo por condición que les daría por él treinta y cuatro mil francos si se lo devolvían, porque el otro se encontrara antes de fines de febrero.
Loisel poseía dieciocho mil que le había dejado su padre. Pediría prestado el resto.
Y, efectivamente, tomó mil francos de uno, quinientos de otro, cinco luises aquí, tres allá. Hizo pagarés, adquirió compromisos ruinosos, tuvo tratos con usureros, con toda clase de prestamistas. Se comprometió para toda la vida, firmó sin saber lo que firmaba, sin detenerse a pensar, y, espantado por las angustias del porvenir, por la horrible miseria que los aguardaba, por la perspectiva de todas las privaciones físicas y de todas las torturas morales, fue en busca del collar nuevo, dejando sobre el mostrador del comerciante treinta y seis mil francos.
Cuando la señora de Loisel devolvió la joya a su amiga, ésta le dijo un tanto displicente:
-Debiste devolvérmelo antes, porque bien pude yo haberlo necesitado.
No abrió siquiera el estuche, y eso lo juzgó la otra una suerte. Si notara la sustitución, ¿qué supondría? ¿No era posible que imaginara que lo habían cambiado de intento?
La señora de Loisel conoció la vida horrible de los menesterosos. Tuvo energía para adoptar una resolución inmediata y heroica. Era necesario devolver aquel dinero que debían… Despidieron a la criada, buscaron una habitación más económica, una buhardilla.
Conoció los duros trabajos de la casa, las odiosas tareas de la cocina. Fregó los platos, desgastando sus uñitas sonrosadas sobre los pucheros grasientos y en el fondo de las cacerolas. Enjabonó la ropa sucia, las camisas y los paños, que ponía a secar en una cuerda; bajó a la calle todas las mañanas la basura y subió el agua, deteniéndose en todos los pisos para tomar aliento. Y, vestida como una pobre mujer de humilde condición, fue a casa del verdulero, del tendero de comestibles y del carnicero, con la cesta al brazo, regateando, teniendo que sufrir desprecios y hasta insultos, porque defendía céntimo a céntimo su dinero escasísimo.
Era necesario mensualmente recoger unos pagarés, renovar otros, ganar tiempo.
El marido se ocupaba por las noches en poner en limpio las cuentas de un comerciante, y a veces escribía a veinticinco céntimos la hoja.
Y vivieron así diez años.
Al cabo de dicho tiempo lo habían ya pagado todo, todo, capital e intereses, multiplicados por las renovaciones usurarias.
La señora Loisel parecía entonces una vieja. Se había transformado en la mujer fuerte, dura y ruda de las familias pobres. Mal peinada, con las faldas torcidas y rojas las manos, hablaba en voz alta, fregaba los suelos con agua fría. Pero a veces, cuando su marido estaba en el Ministerio, se sentaba junto a la ventana, pensando en aquella fiesta de otro tiempo, en aquel baile donde lució tanto y donde fue tan festejada.
¿Cuál sería su fortuna, su estado al presente, si no hubiera perdido el collar? ¡Quién sabe! ¡Quién sabe! ¡Qué mudanzas tan singulares ofrece la vida! ¡Qué poco hace falta para perderse o para salvarse!
Un domingo, habiendo ido a dar un paseo por los Campos Elíseos para descansar de las fatigas de la semana, reparó de pronto en una señora que pasaba con un niño cogido de la mano.
Era su antigua compañera de colegio, siempre joven, hermosa siempre y siempre seductora. La de Loisel sintió un escalofrío. ¿Se decidiría a detenerla y saludarla? ¿Por qué no? Habíéndolo pagado ya todo, podía confesar, casi con orgullo, su desdicha.
Se puso frente a ella y dijo:
-Buenos días, Juana.
La otra no la reconoció, admirándose de verse tan familiarmente tratada por aquella infeliz. Balbució:
-Pero…, ¡señora!.., no sé… Usted debe de confundirse…
-No. Soy Matilde Loisel.
Su amiga lanzó un grito de sorpresa.
-¡Oh! ¡Mi pobre Matilde, qué cambiada estás!…
-¡Sí; muy malos días he pasado desde que no te veo, y además bastantes miserias… todo por ti…
-¿Por mí? ¿Cómo es eso?
-¿Recuerdas aquel collar de brillantes que me prestaste para ir al baile del Ministerio?
-¡Sí, pero…
-Pues bien: lo perdí…
-¡Cómo! ¡Si me lo devolviste!
-Te devolví otro semejante. Y hemos tenido que sacrificarnos diez años para pagarlo. Comprenderás que representaba una fortuna para nosotros, que sólo teníamos el sueldo. En fin, a lo hecho pecho, y estoy muy satisfecha.
La señora de Forestier se había detenido.
-¿Dices que compraste un collar de brillantes para sustituir al mío?
-Sí. No lo habrás notado, ¿eh? Casi eran idénticos.
Y al decir esto, sonreía orgullosa de su noble sencillez. La señora de Forestier, sumamente impresionada, le cogió ambas manos:
-¡Oh! ¡Mi pobre Matilde! ¡Pero si el collar que yo te presté era de piedras falsas!… ¡Valía quinientos francos a lo sumo!…

FIN
Texto extraído de El collar

🟠 Guía de Trabajo

1. Comprensión y Sistematización 

Punto 1:

Recordá: Los textos narrativos se organizan en tres momentos: situación inicial, conflicto y resolución.

  • Leé el cuento y completá el siguiente cuadro con los eventos principales:

MomentoDescripción del hecho principal
Situación InicialMatilda vive insatisfecha con su vida modesta.
Conflicto
Resolución

Punto 2:

Recordá: La causa y la consecuencia son el motor de las acciones en un relato.

  • Explicá qué hecho desencadena que los Loisel deban pasar diez años de privaciones y deudas.

     
     

Punto 3:

  • Identificá en el texto y transcribí tres elementos (objetos, telas o muebles) que Matilda desea tener y tres que efectivamente posee al principio del cuento.

     
     

Punto 4:

Recordá: El narrador en tercera persona puede conocer todo (omniscente) o solo lo que se ve.

  • Buscá un fragmento donde el narrador describa los sentimientos o pensamientos internos de Matilda y copialo. ¿Este narrador participa de los hechos como personaje?

     

2. Lectura Crítica e Interpretación 

Punto 5:

Recordá: La ironía es una figura donde se da a entender lo contrario de lo que se dice, o donde el resultado de una acción es opuesto al esperado.

  • Hacia el final del cuento, Matilda se siente orgullosa de haber devuelto un collar de diamantes auténticos. Explicá por qué el final del cuento resulta irónico para el lector.

     

Punto 6:

Recordá: La polifonía es la presencia de diferentes voces o perspectivas en un texto.

  • Analizá la reacción del señor Loisel ante la invitación al baile. ¿En qué se diferencia su perspectiva de la de su esposa?

     
     

Punto 7:

  • ¿Qué creés que representa el collar para Matilda al principio de la historia? ¿Cambiaron sus valores después de los diez años de trabajo duro? Justificá con una frase del texto.

 
 

Punto 8:

  • Discutí con tu compañero/a y escribí: ¿Es Matilda una víctima de su destino o sus problemas son consecuencia de sus propias decisiones?

 
 

3. Producción y Reflexión Gramatical 

Recordá: En las narraciones, el Pretérito Perfecto Simple se usa para acciones puntuales (avanzar la historia) y el Pretérito Imperfecto para descripciones o acciones habituales.

  • Reescribí este fragmento del texto cambiando los verbos en presente al tiempo pasado que corresponda:

    "Ella es una de esas hermosas y encantadoras muchachas que nacen como por un error del destino."

     

Punto 10:

Recordá: La Voz Pasiva se usa para resaltar el objeto de la acción (Ej: "El collar fue perdido por Matilda").

  • Transformá las siguientes oraciones de voz activa a voz pasiva:

    • Matilda perdió el collar. -> _____________________________________________________________

    • Los Loisel pagaron todas las deudas. -> __________________________________________________

Punto 11:

Recordá: Las oraciones subordinadas añaden información secundaria que depende de una idea principal.

  • Uní estas dos oraciones simples usando un nexo subordinante (que, quien, cual, cuyo):

    • La señora Forestier era una amiga de la infancia. La señora Forestier le prestó el collar.

    • Oración final: ________________________________________________

Punto 12: Escritura Creativa

  • Escribí un nuevo final para el cuento (mínimo 10 renglones) que comience justo después de que la señora Forestier le dice la verdad a Matilda.

    • Consigna técnica: Debés incluir al menos una cita directa (diálogo) y usar dos conectores temporales (ej: luego, finalmente, al día siguiente).

 
 
 
 
 
 
 
 



🟣 Guía de Trabajo

I. Sistematización y Rastreo 

1. Determiná la situación inicial del relato. Describí brevemente el conflicto que surge cuando el esposo de Matilda llega con la invitación y explicá cómo se resuelve ese problema inmediato.

2. Elaborá una línea de tiempo o listado ordenado con los 5 hechos más importantes que marcan la caída económica de los Loisel desde que pierden el collar hasta que terminan de pagar las deudas.

3. Localizá en el texto y transcribí un fragmento que funcione como descripción del ambiente donde vive Matilda al principio de la historia. Subrayá en ese fragmento tres adjetivos calificativos.

4. Identificá el tipo de narrador de la historia. Justificá tu respuesta indicando si es protagonista, testigo u omnisciente, citando una frase del texto como evidencia.

II. Lectura Crítica 

5. El narrador utiliza la ironía para cerrar la historia. Explicá con tus palabras qué es lo que hace que el final sea irónico en relación con el esfuerzo de diez años de los personajes.

6. Analizá la polifonía en el diálogo entre Matilda y su esposo al inicio del cuento. ¿Qué valores representa cada uno? Diferenciá la postura de Matilda sobre la riqueza frente a la visión de su marido.

7. Releé el párrafo donde se describe a Matilda después de diez años de trabajo. ¿Cómo construye el autor la pérdida de su belleza? Relacioná esta transformación física con el tema de la apariencia, central en el relato.

8. En el texto aparecen voces que representan las "normas sociales" de la época. ¿Por qué creés que Matilda siente tanta vergüenza de confesarle a su amiga que perdió el collar? Justificá tu opinión.

III. Producción y Normativa 

9. Cohesión: Reescribí el siguiente fragmento utilizando elipsis (omisión del sujeto) y sustitución por pronombres para evitar repeticiones innecesarias:

"Matilda miró el collar. Matilda deseaba el collar con toda su alma. Matilda pidió prestado el collar a su amiga porque el collar era de diamantes."

 
 

10. Voz Pasiva: Transformá estas oraciones del texto de voz activa a voz pasiva:

  • La señora Forestier prestó un estuche de joyas a su amiga.

  • Los Loisel compraron un collar nuevo en la joyería del Palais-Royal.

     
     

11. Sintaxis Compleja: Combiná las siguientes oraciones simples en una sola oración subordinada utilizando los nexos "que", "donde" o "quien":

  • Matilda fue a una fiesta. En esa fiesta ella se sintió la más elegante.

  • El collar era una joya falsa. Matilda pagó una fortuna por esa joya.

     
     

12. Escritura: Redactá una reseña crítica breve (entre 10 y 15 renglones) sobre el cuento.

  • Requisito: Debés incluir una cita de autoridad (podés inventar lo que diría un crítico literario sobre Maupassant) y utilizar al menos tres conectores adversativos (pero, sin embargo, no obstante).


Sin Título

I. Sistematización y Rastreo (Estilo A)

1. Análisis de la Macroestructura: 

Identificá la complicación y la resolución del relato. Explicá cómo el autor utiliza un objeto material (el collar) para estructurar el ascenso y la caída de la tensión dramática. Justificá tu respuesta analizando el ritmo narrativo antes y después de la pérdida.

2. Caracterización y Perspectiva: 

Elaborá un cuadro comparativo que dé cuenta de la evolución del personaje de Matilda. Debés contrastar su caracterización psicológica en la situación inicial frente a la situación final, utilizando al menos tres citas textuales que evidencien este cambio.

3. Clasificación del Narrador: Determiná el grado de conocimiento del narrador. ¿Es un narrador omnisciente que juzga a los personajes o se mantiene neutral? 

Analizá si existe una focalización interna en los deseos de Matilda y fundamentá con la teoría sobre la voz narrativa.

4. Rastreo de Campo Semántico: 

Rastreá en la primera parte del texto las palabras pertenecientes al campo semántico de la "riqueza" y la "aristocracia". Luego, contrastalo con el campo semántico de la "decadencia" que aparece tras la pérdida del objeto. ¿Qué función cumplen estos campos en la construcción de la atmósfera?

II. Lectura Crítica

5. La Ironía como Recurso de Cosmovisión: 

El final del cuento no solo es un giro en la trama, sino una crítica a las apariencias sociales. Analizá el uso de la ironía y explicá por qué el hecho de que el collar fuera falso resignifica los diez años de sacrificio de los Loisel.

6. Polifonía y Discurso: 

Identificá los momentos de polifonía en el texto donde aparezcan voces sociales o mandatos de la época (la importancia del "qué dirán"). ¿Cómo influye la voz del "otro social" en la decisión de los personajes de no confesar la pérdida?

7. Interpretación de la Ambigüedad: 

Maupassant plantea una ambigüedad moral. ¿El autor castiga la vanidad de Matilda o critica la rigidez de una sociedad que excluye a quienes no poseen bienes materiales? Desarrollá tu postura integrando elementos del contexto histórico del realismo francés.

III. Producción y Normativa 

8. Sintaxis Compleja: 

Analizá sintácticamente la siguiente oración y luego transformala en una oración compleja que incluya una proposición subordinada adjetiva que describa al collar:

"Matilda compró el collar en una joyería lujosa."

9. Voz Pasiva y Enfoque: Reescribí el fragmento del descubrimiento de la deuda utilizando la voz pasiva para enfatizar las consecuencias económicas sobre los sujetos. Explicá qué efecto produce este cambio en la percepción del esfuerzo de los personajes.

Ejemplo de base: "Los usureros exigieron intereses leoninos y los deudores firmaron los pagarés."

10. Cohesión y Correlación Verbal: 

Producí un párrafo de análisis literario sobre el final del cuento.

  • Requisito: Utilizá al menos dos pronombres relativos (que, cuyo/a), un conector de síntesis y mantené la correlación verbal correcta entre el Pretérito Perfecto Simple y el Pretérito Pluscuamperfecto para referirte a hechos anteriores al desenlace.

11. Escritura con Restricción: Redactá una reseña crítica del cuento dirigida a un suplemento literario.

  • Consigna técnica: Debés incluir una cita de autoridad (mencionando a un autor o crítico real o ficticio), utilizar al menos una oración con ambigüedad sintáctica para generar intriga y cerrar con una conclusión que utilice un conector concesivo (aunque, a pesar de que).


🟣 Express - multiple choice

I. Sistematización y Rastreo (Estilo A)

1. ¿Cuál es el conflicto central que da inicio al nudo de la historia? 

A) La invitación al baile del Ministerio.
B) La pérdida del collar prestado por la señora Forestier.
C) El trabajo de diez años para pagar las deudas.

2. Ordená los siguientes hechos cronológicamente (del 1 al 4): 

(  ) Los Loisel compran un collar de 36.000 francos.
(  ) Matilda asiste al baile y se siente la más hermosa.
(  ) La señora Forestier revela que el collar era falso.
(  ) El esposo de Matilda consigue una invitación.

3. ¿Qué tipo de narrador presenta el relato? 

A) Protagonista: cuenta su propia historia en primera persona.
B) Omnisciente: conoce los sentimientos de Matilda y detalles que ella ignora.
C) Testigo: cuenta solo lo que ve que le sucede a los Loisel.

4. Marcá la opción que contenga solo Adjetivos Calificativos utilizados para describir a Matilda al inicio: 

A) Pobre, orgullosa, trabajadora.
B) Hermosa, encantadora, infeliz.
C) Vieja, fuerte, adinerada.

II. Lectura Crítica

5. ¿Qué elemento del texto representa mejor la "apariencia" sobre la "realidad"? 

A) La invitación de seda.
B) El collar de la señora Forestier.
C) El trabajo de Loisel en el Ministerio.

6. La frase final de la señora Forestier: 

"¡Oh, mi pobre Matilda! ¡Pero si el mío era falso!" 

Constituye un ejemplo de: 

A) Ironía.
B) Parodia.
C) Metáfora.

7. Al analizar la polifonía del texto, ¿cuál es la voz que predomina en los deseos de Matilda? 

A) La voz del ahorro y la prudencia.
B) La voz de la alta sociedad y el lujo.
C) La voz de la amistad y la sinceridad.

8. ¿Cuál es la causa principal por la que Matilda no le dice la verdad a su amiga inmediatamente? 

A) Porque quiere quedarse con el collar original.
B) Por el orgullo y el miedo al juicio social.
C) Porque no encontraba la casa de la señora Forestier.

III. Producción y Normativa

9. Elegí la opción que transforme correctamente esta oración a Voz Pasiva: 

"Matilda perdió el collar en el baile" 

A) El collar fue perdido por Matilda en el baile.
B) El collar se perdió en el baile.
C) Matilda había perdido el collar.

10. Identificá cuál de estas oraciones es una Oración Subordinada: 

A) El señor Loisel ahorró dinero para un fusil.
B) Matilda buscó un vestido que fuera elegante.
C) Ella lloró mucho y él se preocupó.

11. ¿Qué recurso de cohesión se utiliza en la siguiente frase para evitar repetir "la joya"? 

"Ella tomó el estuche; lo abrió con manos temblorosas." 

A) Elipsis.
B) Sustitución por pronombre ("lo").
C) Conector temporal.

12. ¿Cuál es el conector adecuado para completar la oración manteniendo el sentido del texto? 

"Matilda disfrutó la fiesta, _________ al regresar a casa notó que ya no tenía el collar." 

A) Además.
B) Sin embargo.
C) Porque.